TOMCAT
02-06-2010, 12:23 PM
LOS DOS HOMBRES
Había una vez dos hombres que compartían el mismo cuarto de un hospital, ambos estaban enfermos de gravedad. A uno de los enfermos le permitía sentarse durante una hora en la tarde, para drenar el líquido de sus pulmones. La cama de este enfermo estaba al lado de la única ventana de la habitación. El otro hombre, por la gravedad de su situación, no podría levantarse y tenia que permanecer acostado de espaldas todo el tiempo. El hombre que estaba acostado conversaban incesantemente todo el día, pues era lo único que podía hacer. El siempre hablaba de su esposa, su familia, sus hogares, sus empleos, las experiencias vividas durante sus servicios militares y los todos los lugares que visitaba durante sus vacaciones. Todas las tardes, cuando el otro hombre recibía su tratamiento, el se sentaba frente a la ventana de su habitación. El hombre que estaba acostado le pedia al otro hombre que le contara lo que veía atravez de la ventana del cuarto, ya que el llevaba mas de seis meses postrado en una cama sin ver otro clase de ambiente. Y así lo hizo, el otro enfermo se pasaba relatándole a su compañero de cuarto lo que alcanzaba ver por la ventana. Con el tiempo, el enfermo acostado de espaldas, que no podía levantarse, se desvivía por esos períodos de una hora de relato. Durante esa hora ambos hombre se deleitaba con los relatos de las actividades y colores del mundo exterior. El hombre le narraba al otro, que esa ventana daba a un hermoso parque con un bello lago. Los cisnes se deslizaban por el agua, mientras los niños jugaban con sus botecitos a la orilla del lago. Los enamorados se paseaban de la mano entre las flores multicolores, era un paisaje con árboles majestuosos y en la distancia, se divisaba una bella vista de la ciudad. A medida que el enfermo se acercaba a la ventana, describía todo esto con detalles exquisitos, su compañero no podría levantarse pero cerraba los ojos e imaginaba ese hermoso y pintoresco cuadro. Una tarde el hombre le describió al otro, un desfile que pasaba por el hospital y aunque no pudo escuchar la banda, lo pudo ver a través del ojo de la imaginación mientras su compañero se lo describía. Pasaron los días, las semanas y ambos hombre disfrutaban de esa bella hora. Pero una mañana, al entrar la enfermera para el aseo matutino, se encontró con el cuerpo sin vida del señor que ocupaba la cama cerca de la ventana, quien había expirado tranquilamente, durante el sueño. Con mucha tristeza, avisó para que trasladaran el cuerpo a la morgue del hospital. Al día siguiente, el otro señor pidió que lo trasladaran cerca de la ventana que ya estaba desocupada. La enfermera le agradó hacer el cambio y luego de asegurarse que estaba de lo mas cómodo, lo dejó solo. El señor, con mucho esfuerzo y dolor, se apoyó en un codo para poder mirar el mundo exterior por primera vez. Se esforzó para asomarse por la ventana y lo que vio fue una gigantesca pared del edificio contiguo. Confundido y entristecido, le preguntó a la enfermera quién fue la que animó a al difunto compañero a describir tantas cosas maravillosas fuera de esa ventana. La enfermera le respondió que el compañero que había fallecido, era ciego y no podía ver la pared que estaba frente de su ventana. Ella le dijo: "Quizás lo que él deseaba era animarlo a usted…".
Existe una inmensa alegría en poder alegrar a otros personas, a pesar de nuestra distintas y difíciles situaciones. La alegrías compartida disminuye las tristezas y cuando la alegría se comparte, se duplica la felicidad. Si deseas sentirte próspero, basta con contar con lo que humanamente poseemos y no lo que puede comprar con el dinero...
Había una vez dos hombres que compartían el mismo cuarto de un hospital, ambos estaban enfermos de gravedad. A uno de los enfermos le permitía sentarse durante una hora en la tarde, para drenar el líquido de sus pulmones. La cama de este enfermo estaba al lado de la única ventana de la habitación. El otro hombre, por la gravedad de su situación, no podría levantarse y tenia que permanecer acostado de espaldas todo el tiempo. El hombre que estaba acostado conversaban incesantemente todo el día, pues era lo único que podía hacer. El siempre hablaba de su esposa, su familia, sus hogares, sus empleos, las experiencias vividas durante sus servicios militares y los todos los lugares que visitaba durante sus vacaciones. Todas las tardes, cuando el otro hombre recibía su tratamiento, el se sentaba frente a la ventana de su habitación. El hombre que estaba acostado le pedia al otro hombre que le contara lo que veía atravez de la ventana del cuarto, ya que el llevaba mas de seis meses postrado en una cama sin ver otro clase de ambiente. Y así lo hizo, el otro enfermo se pasaba relatándole a su compañero de cuarto lo que alcanzaba ver por la ventana. Con el tiempo, el enfermo acostado de espaldas, que no podía levantarse, se desvivía por esos períodos de una hora de relato. Durante esa hora ambos hombre se deleitaba con los relatos de las actividades y colores del mundo exterior. El hombre le narraba al otro, que esa ventana daba a un hermoso parque con un bello lago. Los cisnes se deslizaban por el agua, mientras los niños jugaban con sus botecitos a la orilla del lago. Los enamorados se paseaban de la mano entre las flores multicolores, era un paisaje con árboles majestuosos y en la distancia, se divisaba una bella vista de la ciudad. A medida que el enfermo se acercaba a la ventana, describía todo esto con detalles exquisitos, su compañero no podría levantarse pero cerraba los ojos e imaginaba ese hermoso y pintoresco cuadro. Una tarde el hombre le describió al otro, un desfile que pasaba por el hospital y aunque no pudo escuchar la banda, lo pudo ver a través del ojo de la imaginación mientras su compañero se lo describía. Pasaron los días, las semanas y ambos hombre disfrutaban de esa bella hora. Pero una mañana, al entrar la enfermera para el aseo matutino, se encontró con el cuerpo sin vida del señor que ocupaba la cama cerca de la ventana, quien había expirado tranquilamente, durante el sueño. Con mucha tristeza, avisó para que trasladaran el cuerpo a la morgue del hospital. Al día siguiente, el otro señor pidió que lo trasladaran cerca de la ventana que ya estaba desocupada. La enfermera le agradó hacer el cambio y luego de asegurarse que estaba de lo mas cómodo, lo dejó solo. El señor, con mucho esfuerzo y dolor, se apoyó en un codo para poder mirar el mundo exterior por primera vez. Se esforzó para asomarse por la ventana y lo que vio fue una gigantesca pared del edificio contiguo. Confundido y entristecido, le preguntó a la enfermera quién fue la que animó a al difunto compañero a describir tantas cosas maravillosas fuera de esa ventana. La enfermera le respondió que el compañero que había fallecido, era ciego y no podía ver la pared que estaba frente de su ventana. Ella le dijo: "Quizás lo que él deseaba era animarlo a usted…".
Existe una inmensa alegría en poder alegrar a otros personas, a pesar de nuestra distintas y difíciles situaciones. La alegrías compartida disminuye las tristezas y cuando la alegría se comparte, se duplica la felicidad. Si deseas sentirte próspero, basta con contar con lo que humanamente poseemos y no lo que puede comprar con el dinero...